Philip K. Dick y sus Universos que se Derrumban en Dos Días

Artículo original de la Revista Líneas de Expresión No. 1 (Pg. A8 - A11)

Comenzaré diciendo que todo género literario es un hogar. El despliegue reiterado de ciertos recursos da origen, en beneficio tanto del lector como del autor, a un lenguaje inteligible, a un espacio de confort, a la anulación aparente del ruido del mundo. En consecuencia, el género es un velo: por un lado, funciona como refugio de mediocres y charlatanes amparados bajo la efectividad comprobada de fórmulas y premisas; por otro, esconde a los genios. A lo largo de la historia de la literatura, obras brillantes, e incluso canónicas, se han constituido desde géneros de consumo masivo. Basta con pensar en Cervantes y la novela de caballería, Cormac McCarthy y el western, o Raymond Chandler y la novela negra. La obra del escritor estadounidense Philip K. Dick (1928-1982) es su equivalente en el territorio de la ciencia ficción.

 

Philip K. Dick murió a la edad de 52 años, víctima de un ataque cardíaco y de años de penurias económicas, poco antes de alcanzar fama con el estreno de la aclamada Blade Runner, película dirigida por Ridley Scott de su novela Do Androids Dream in Electric Sheep? Dick deja atrás casi cuarenta libros, escritos a una velocidad vertiginosa y publicados en precarias editoriales, y un reducido grupo de fieles seguidores del ‘gueto’ de la ciencia ficción. Poco tiempo después, el influyente crítico literario Fredric Jameson lo define como “el Shakespeare de la ciencia ficción1 ; uno de los escritores esenciales del género, el polaco Stanislaw Lem, lo llama “un visionario entre charlatanes2; Baudrillard y otros intelectuales franceses lo consideran, sin reservas, uno de los escritores más importantes del siglo XX. Su influencia y prestigio no cesan de crecer.

 

Philip K. Dick. Fotografía: Boomer Dragon

 

Dick vivió la mayor parte de su intensa vida en California. Nació en una familia modesta. Creció durante el auge del fascismo y la Segunda Guerra Mundial en los años cuarenta; empezó a escribir durante el clímax paranoico de la Guerra Fría en los cincuenta; formó parte de la contracultura de los sesenta, y vivió la lenta disolución del movimiento durante los setenta. Al principio, intentó ser un escritor realista. Escribió ocho novelas que, de algún modo, prefiguran el realismo sucio y fueron rechazadas insistentemente por las editoriales. Publicó su primer cuento de ciencia ficción en 1951. Se volvió adicto a las anfetaminas y sufrió recurrentes ataques paranoicos y esquizofrénicos, en los que imaginaba ser perseguido por neonazis y la KGB. Ganó los premios más prestigiosos de ciencia ficción. Tuvo cinco matrimonios. Se rodeó de Panteras Negras, traficantes de droga, músicos de rock y groupies. Fue investigado por el FBI. Afirmó, a principios de los años setenta, haber recibido un mensaje de Dios o de extraterrestres. Indicó: la historia se ha detenido en el año 50 d.C. y continuamos viviendo en el Imperio Romano. Richard Nixon es, en realidad, el emperador romano y el caso Watergate es sólo la punta del iceberg de una conspiración global. La revelación también le permitió diagnosticar una enfermedad rara que padecía su hijo y salvarle la vida. El resto de la vida de Dick, no exenta de fervor religioso, está dedicado a abordar con lucidez este momento3 . Como el caso de London y Hemingway, resulta difícil separar la obra de Dick de su copiosa biografía.

 

En una convención en 1978, Dick leyó un discurso titulado How to Build a Universe That Doesn’t Fall Apart Two Days Later. Allí explicó algunos rasgos esenciales de su literatura. Afirmó:

 

“The two basic topics which fascinate me are «What is reality?» and «What constitutes the authentic human being? (…) So I ask, in my writing, What is real? (…) It is my job to create universes, as the basis of one novel after another. And I have to build them in such a way that they do not fall apart two days later. Or at least that is what my editors hope. However, I will reveal a secret to you: I like to build universes which do fall apart. I like to see them come unglued, and I like to see how the characters in the novels cope with this problem. I have a secret love of chaos.”

 

Similar a ciertas creaciones de Borges, la obra de Dick tiene el ambicioso objetivo de mermar los cimientos de lo ‘real’. La ciencia ficción clásica ensaya, en palabras de Baudrillard, “simulacros productivos”4 , proyecciones de los medios de manipulación de la materia y la energía, la extrapolación de lo irreal a partir de lo real. No es raro que las obras de autores como Clarke y Asimov abunden en prodigios técnicos: naves espaciales de gran velocidad, imperios interestelares, autómatas con capacidades superhumanas. Este tipo de ciencia ficción es posible bajo la premisa del progreso, es decir, la existencia de una frontera definida y en expansión entre lo imaginario y lo real. La saturación de información del mundo contemporáneo, la mímesis del modelo con la naturaleza, diluye esta frontera. La ciencia ficción que escribe Dick se constituye mediante “simulacros de simulación”5 Poco interesa ya el funcionamiento del prodigio técnico representado, no sin ironía, como defectuoso o hermético; la ficción se basa en la suplantación del espacio, el tiempo y la conciencia misma por una construcción artificial.

 

Una muestra del pensamiento de Philip K. Dick 

 

Esta suplantación se encuentra en casi todos los libros de Dick y está vinculada íntimamente al poder. En una de sus primeras novelas, Time Out Joint, el protagonista descubre que el plácido mundo en el que cree vivir en 1959 es un simulacro, una ilusión meticulosa creada en 1997 por una potencia militar para aprovecharse de sus capacidades de premonición. En The Man in the High Castle, Dick imagina una ucronía en la cual los aliados pierden la Segunda Guerra Mundial, y Estados Unidos se encuentra dividido entre invasores alemanes y japoneses. Un misterioso libro revela que la realidad completa es ficticia, los aliados ganaron la guerra. En Ubik, su novela más lograda, el producto homónimo, una versión comercial de ciertos atributos de Dios, consigue estabilizar un mundo que constantemente sufre alteraciones en el tiempo. Ante la pregunta complementaria, ¿qué es humano?, Dick propone la figura del androide como instrumento dialéctico. En muchos de sus relatos cortos, como The Second Variety o The Electric Ant, el carácter humano o artificial del personaje es, a menudo, indiscernible, no sólo para el lector, sino para el propio personaje. En todos los casos, Dick, valiéndose de ficciones impuestas por corporaciones o estados policiales, de drogas alucinógenas, de psicóticos y androides o de inconsistencias ontológicas, consigue desgarrar las presunciones del lector acerca de la realidad. Este logro no es poco.

 

Dick no escribe bien, en el sentido modernista de la frase. Sus textos son precipitados, sencillos y, a menudo, caóticos. Los biógrafos atribuyen estas características a los efectos de las anfetaminas y a la incesante necesidad de producir historias para poder comer; algunos críticos, menos severos, han notado en su estilo cierta coherencia con respecto a sus temas. Un rasgo esencial de la obra del escritor tiene que ver con la entropía. En Martian Time-Slip, por ejemplo, un niño autista que habita el tiempo de manera no secuencial se ve condenado a sufrir en cada instante la agonía de los últimos días de su vida. La entropía, la degeneración de todas las cosas y la angustia ante esta degeneración permean la obra del escritor. Pienso que ese estilo caótico y desganado, en cierto sentido, es apropiado.

 

 

Firma del autor estadounidense

 

¿Qué nos deja, después de todo, Philip K. Dick? En los últimos años de su vida, la obra se confunde con el hombre. La supuesta revelación ocurrió en 1974, cuando el escritor sostiene que estuvo en contacto con una entidad extraterrestre o divina que denominó VALIS (Vast Active Living Intelligence System). Dick, como sus personajes, vio a la realidad desplomarse ante sus ojos. Dedica los siguientes años a la escritura de la Exegesis, un colosal diario que pretende racionalizar la experiencia mística mediante argumentos filosóficos y teológicos. Las novelas de este periodo son diferentes a todo lo escrito anteriormente. La más importante de ellas, VALIS, relata su experiencia de modo casi documental, así, tiembla ante la cercanía de la locura e intercala fragmentos de la Exegesis. Hay rasgos de ciencia ficción en la novela, pero francamente el documento testimonial supera a la ficción. Hasta el final de su vida, Dick no cesó de cuestionarse. Este hecho, quiero creer, consolida su legado. Dejó tras él una obra que abunda en preguntas incómodas acerca de la naturaleza de la realidad, testimonios paranoicos de primera mano del engaño que nos rodea, críticas cáusticas al poder, registros de la entropía; todo ello, logrado con una habilidad técnica extraordinaria. 

 

Dick prefiguró con aterradora lucidez las ficciones del mundo en que vivimos y sus relaciones con el poder. Bolaño, no en vano, lo llamó “un Kafka pasado por el ácido lisérgico y la rabia6. La literatura norteamericana posee ciertas figuras que representan la resistencia: está Salinger, está Burroughs y está, merecidamente, Dick. Me quedo con este Dick de la resistencia, aquel que leen los jóvenes freaks, antes que su versión edulcorada que ha inspirado una docena de películas. Desde la ciencia ficción, Philip K. Dick construye sus universos y los hace derrumbarse en dos días. Posee un único objetivo: que el lector mire el propio derrumbarse.

 

Referencias

1. Baudrillard, Jean. “Simulacra and Science Fiction”. Paris: Science Fiction Studies 18.3 1991.

2. Baudrillard, Jean. “Simulacra and Science Fiction”. Paris: Science Fiction Studies 18.3 1991.

3. Bolaño, Roberto. Entre paréntesis. Barcelona: Editorial Anagrama, 2005 (Pg. 6)

4. Carrère, Emmanuel. I am alive and you are dead: a journey into the mind of Philip K. Dick. Macmillan, 2004.

5. Jameson, Fredric. Archaeologies of the future: The desire called utopia and other science fictions. Verso, 2005, (Pg. 345)

6. Lem, Stanislaw, and Robert Abernathy. “Philip K. Dick: a visionary among the charlatans.” Science Fiction Studies (1975): 54-67. (Pg. 54) 

 

La revista Línes de Expresión, en su versión íntegra, la puedes leer gratis aquí. 

 

 

* Universidad San Francisco de Quito, Estudiante Colegio de Ciencias e Ingenierías, Politécnico, Quito, Ecuador Autor principal/ Corresponding author, email: juan.oviedo@estud.usfq.edu.ec 

 

Recibido/Received: 05/03/2014.

Aceptado/Accepted: 19/03/2014.

Publicado en línea/Published on Web: 30/09/2014.

Impreso/Printed: 30/09/2014.

Editado por/Edited by: Miguel Molina, María Gracia Naranjo, Eduardo Castro, Víctor Cabezas


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