El Guión: el Corazón del Cine

Seguramente en ocasiones especiales sales demasiado intrigado de la sala de cine, rompiéndote la cabeza para entender cómo rayos a alguien se le ocurrió cierta idea tan increíble. Esa genialidad empieza con una inspiración; cuando se prende ese famoso foco de un cerebro artístico. Pero una inspiración le puede pasar a cualquiera y de no desaparecer –como normalmente sucede con esos flashazos de creatividad– la idea se queda dando vueltas en la mente del artista, que si piensa y respira cine, es probable que la inspiración empiece a cobrar vida en un guión.

Este es el más puro comienzo de todo clásico cinematográfico.

 

Foto. FilmScriptWriting

 

Las buenas películas son fáciles de recordar. Los vestuarios, tomas, efectos y actuaciones se quedan en nosotros. Sin embargo pocas veces nos preguntamos quién es el primer responsable de que una cinta nos llegue o no al corazón. El guionista y su guión son la clave de todo; el punto donde nace, crece y permanece una historia. No es lo primero que nos impacta, pero es el fondo, es ese “algo” que nos atrae tanto.

Lejos de lo que imaginamos, escribir el corazón de una historia toma muchísimo tiempo. Piensa, por ejemplo, en Eternal Sunshine of a Spotless Mind de Charlie Kaufman, una película que hay que ver muchas veces para realmente entender, pero aún sin haberla descifrado por completo nos enamora desde la primera vez.

 

Escena de Eternal Sunshine of a Spotless Mind, Vía: Movieclips

 

Jaws, del escritor Peter Benchley, es un ejemplo de una historia cuyo suspenso sigue atrapándonos sin importar que los efectos especiales sean de hace 41 años. Benchley creó una narrativa tan poderosa, que nuestros miedos ignoran el poco realismo de los efectos especiales.

 

Escena de Jaws, Vía: Movieclips

 

Hay un escritor de cine llamado Syd Field que dice que un guión es “una historia contada con imágenes”. Para ejemplificar esto, Syd Field habla del mismísimo escritor F. Scott Fitzgerald, un genio de la novela cuyos intentos fallidos de ser guionista son casi desconocidos por el conocimiento público. Si evidentemente era un verdadero artista de la trama, ¿por qué nunca comprendió la esencia de escribir para el cine? Porque mientras que en una novela leemos todo lo que hace y piensa un personaje, en un guión lo vemos. Es diferente percibir un sentimiento en los sutiles gestos de un actor que en las descriptivas palabras de un novelista.

En su guión de Annie Hall, Woody Allen incluye una escena donde los personajes dicen una cosa, pero por medio de sus expreiones y una serie de subtítulos puedes ver lo que realmente están pensando; es un buen ejemplo de lo que es escribir con imágenes:

 

Escena de Annie Hall, Vía: stephenaltobello

 

El guionista no sólo tiene que visualizar sino que tiene que lograr que los espectadores empaticen con los personajes, comprendan la historia y se enganchen, todo en uno. Puede haber una idea con grandes aires de triunfo, pero sin un escritor que la desarrolle bien, fracasará rotundamente. Un guionista, uno bueno, conecta perfectamente cada elemento de su historia: cada diálogo, cada descripción, cada escena, conflicto, locación o personaje tienen un peso igualmente influyente en el desarrollo de la historia.

American Beauty de Allan Ball es uno de esos guiones donde cada elemento conecta perfectamente bien con los demás. Tanto así, que parece que Lester y Carolyn Burnham son de dos personas reales:

Escena de American Beauty, Vía: Movieclips

 

Y ¿qué decir del diálogo? ¿Qué hay con esas frases famosísimas que vemos una y otra vez impresas en camisetas? Como se dijo antes, éstas sólo son una parte del guión. El resto de la historia es lo que convierte a esas frases en algo tan fuerte e icónico. Robert De Niro no diría igual “You talkin’ to me” en Taxi Driver de no ser por el ingenio con que Paul Schrader escribió la manera de ser de ese personaje.

Escena de Taxi Driver, Vía: Movieclips

 

“Para mí siempre lo primero es que me guste el guión, es el primer requisito en el que te debes fijar, sin importar quién vaya a estar en la película o quién la vaya a dirigir. Si el guión no es muy bueno, es difícil hacer una muy buena película”.

-Ewan Mcgregor-

Además de todo lo que hemos dicho y se puede decir sobre el peso de un guión en el cine, podemos resumirlo como el primer momento en que una gran idea cinematográfica queda plasmada para, años después, darnos el gusto de verla en la pantalla grande, no sin haberse trabajado durante mucho tiempo por un crew.

Ni siquiera tiene que ser una idea extraordinaria. Puede ser algo sencillo que, con un escritor dedicado, visionario y apasionado, esa inspiración se convierta en magia.  

 

Escena de Groundhog Day (guión de Danny Rubin), Vía: Movieclips

 

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Vía: Writers Guild of America, Moviecplis


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